La huelga italiana desaparecida.

Manifestaciones en 18 ciudades (Padua, Roma, Milán, Cassino, Lombardía, Lazio, Veneto…) un gran nivel de adhesión de los trabajadores, el 70% del sector del metal. Junto a ellos estudiantes, pensionistas, funcionarios, asociaciones, centros sociales,… El día de la huelga el 28 de enero en Italia, entre los eventos y movilizaciones de los sindicatos de base FIOM, tenía todas las características para ser noticia . Pero acabó siendo un resumen de prensa de la RAI y de El País.

Ni uno solo de los periódicos  de mayor circulación en Italia y España han dado la noticia de las manifestaciones sindicales en primera plana. Afortunadamente, Internet y algún medio como Il manifiesto e Il Fatto Quotidiano, han dado una pequeña cobertura y  tratado de darle relieve pero nadie ha recogido la noticia. Únase lo anterior a la falta de cobertura en los créditos iniciales de los telediarios de la noche a ambos lados del mar y se verá  que se ha guardado un silencio absurdo.

Sin embargo, no solo han sido los mass media quienes no han cubierto la noticia de la huelga, también las secciones sindicales de las factorías de Iveco en España han decidido silenciarla. Las secciones sindicales de  CC.OO, UGT y CGT no han sido capaces de publicar un manifiesto de apoyo a los compañeros italianos, o de difusión de las razones que han llevado a FIOM a convocar esta huelga en solitario, contra los acuerdos de Fiat en las fábricas de Pomigliano y Mirafiori:

  • Cambios en las condiciones de trabajo en si.
  • Cambios en la “gobernabilidad” de la fabrica, o cambios en el marco de la representación-libertad sindical y de libertad de huelga de los trabajadores.

Es algo ha reflexionar entre las distintas plantillas las consecuencias de esto, y como pequeño ejemplo mencionaremos que el día 28 de Enero que estaba puesto como regulación, fue modificado como día de producción por dicha huelga.

Periodísticamente es un vacío. Sindicalmente un asunto serio y debe ser condenado. Parece que a los grandes medios y los sindicatos sólo les gustan las manifestaciones contra las corruptas clases dirigentes de África del Norte. Y no quienes cuestionan las clases dominantes que quedan relegados al segundo plano.

Desde estas líneas tenemos que seguir haciendo lo posible para tratar de dar voz real a la Iveco real, la que no aparece en los comunicados ni en los tablones.

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Mirafiori, peor que Pomigliano.

El acuerdo reciente sobre Mirafiori recalca en sus líneas generales el de Pomigliano. Como en el caso de Pomigliano, precisamente, la Fiat y los sindicatos favorables a las nuevas reglas, han revisado la reorganización del tiempo de trabajo, los turnos, las pausas, los derechos. En Mirafiori, sin embargo, creo que hay incluso un empeoramiento en un punto substancial que ha sido determinado por la salida de la FIAT de Marchionne de la Confindustria [la patronal italiana]: el que se refiere a la representación sindical en la fábrica. Con el nuevo acuerdo, no podrán estar representados los trabajadores de la FIOM [federación del metal de la CIGL, opuesta al acuerdo], la representación de la empresa se decidirá desde arriba, por parte de las organizaciones sindicales y sólo por aquellas que hayan firmado el acuerdo. Este es ya un punto de empeoramiento ulterior respecto al acuerdo de Pomigliano.

Definí el acuerdo de Pomigliano como un acto que reintroducía la dimensión servil del trabajo, un retroceso no sólo respecto a los años más recientes, sino respecto al capitalismo en su conjunto. El capitalismo también ha representado el reconocimiento de la persona en el trabajo, la superación de la dimensión servil del trabajo. Aquí, por el contrario, el trabajo vuelve a estar separado de los derechos del ciudadano, de aquellos derechos garantizados por la ley, por la constitución y la civilidad jurídica de un país.

La empresa se define en una dimensión de extraterritorialidad, como si viviese en un espacio distinto de aquel del país, de los estados, de su legislación, etc., y trata el trabajo como recurso plenamente disponible sin el reconocimiento de la subjetividad, de la dignidad de los sujetos que trabajan.

Por lo que respecta a las recientes declaraciones del candidato in pectore a alcalde de Turín, Piero Fassino, corramos un piadoso velo. Son actitudes y declaraciones que desmoralizan. En un ejemplo decisivo por lo que respecta a la civilidad del trabajo, encuentro desoladora la posición del Partido Democrático, del que Fassino es digno exponente. Esta formación, esta organización que representa una nulidad política, produce sin embargo gravísimos daños en el momento en que esta franja política, que tiene sus orígenes y raíces, cuando menos, en el mundo del trabajo, que debería ser en todo caso sensible a la dignidad del trabajo, invoca explícitamente actitudes que contradicen claramente el principio de la dignidad del trabajo y de los trabajadores.

No discuto el caso de un trabajador de Mirafiori aplastado por una situación económica en ciertos aspectos dramática, que lleve meses cobrando de un fondo de garantía salarial, con enormes dificultades para llegar a fin de mes, tal vez con una hipoteca que pagar. No discuto la elección de un trabajador al que tiene agarrado por el cuello un patrón omnipotente que puede escoger dónde ubicar su producción, si irse a Serbia o a Turquía, antes que a Turín. Que un trabajador en estas condiciones vote sí, lo comprendo plenamente. Pero un exponente político que proviene del movimiento obrero y nos sale con una declaración de este tipo que contradice cualquier principio de respeto de la persona humana, constituye un espectáculo indecente.

¿Cómo responder al “chantaje” de la deslocalización? Se responde observando lo que sucede en países como Alemania o Francia, en los que este tipo de razonamiento no tiene mucho espacio. Sindicatos y obreros alemanes han cedido en algunos puntos, han aceptado hacer algunos sacrificios, no han renunciado nunca a su dignidad, disfrutan de salarios que son un 30/40% y a veces incluso un 50% superiores a los de los trabajadores italianos, dependen de una actividad empresarial que ha jugado sus cartas no en los círculos más bajos del mercado internacional sino en un nivel alto con buenas inversiones de investigación y desarrollo, con innovación tecnológica, con una mayor dignidad de la actividad empresarial y de los sindicatos.

En Italia les falta dignidad a los empresarios y a los sindicatos. Marchionne va de americano. Se decía que la FIAT se había comprado la Chrysler y es evidente, por el contrario, que es la Chrysler la que se ha anexionado a la FIAT. La ubicación en Italia es una variable dependiente de lo que se decida en Detroit y nosotros somos una colonia.

Marco Revelli. antiguo militante del autonomismo obrero italiano y celebrado estudioso del fordismo y el postfordismo, es profesor de ciencia política en la Universidad de Turín. Sus dos últimos libros más debatidos son La sinistra sociale (una investigación muy importante sobre el tránsito del capitalismo fordista al postfordista y la evolución de las bases sociales de la izquierda) y Más allá del siglo XX (traducido al castellano y publicado por la editorial El Viejo Topo, Barcelona, 2003).

La plantilla de Mirafiori acepta endurecer sus condiciones laborales.

Obreros aguardando el resultado de la consulta.

La mayoría de los empleados de Mirafiori, en la ciudad italiana de Turín, aprobaron el acuerdo que endurece sus condiciones de trabajo, a cambio de la inversión de mil millones de euros por parte de Fiat con su socio estadounidense Chrysler para producir hasta 280.000 Jeep y Alfa Romeo por año.

Más de 94% ( 5.119) de los casi 5.431 trabajadores votaron en la consulta durante sus turnos de trabajo del jueves a las 22:00 horas y viernes hasta las 19:30. El SÍ se ha impuesto con un 54,3 % de votos, frente al NO con un 45,7 %.

Este acuerdo introduce la posibilidad de que la fábrica funcione las 24 horas del día y hasta seis días semanales y la reducción de las pausas, además de triplicar el número máximo de horas extras hasta 120 anuales. Establece además como objetivo bajar el absentismo por debajo del 3,5 % anual, pudiendo anular las bajas por enfermedad cercanas a fiestas, descansos o puentes. Establecer sanciones en caso de ausentismo “anormal”, y aceptar el limitar las bajas por enfermedad a los casos graves (hemodiálisis, hepatitis, problemas circulatorios…) que requieran ingreso hospitalario.

Se sancionaran huelgas contra el acuerdo, limitan el derecho a huelga durante una etapa de producción total y prohíbe que haya delegados en la planta y otros permisos sindicales. Pero los salarios aumentarán hasta 3.700 euros brutos anuales gracias al trabajo nocturno y a las horas extras.

En definitiva, se endurecen las condiciones laborales en Mirafiori y Pomigliano, que en junio de 2010 votaron unas condiciones laborales parecidas y que recibió una adhesión del 62%. Logrando que con estas condiciones se amenace con socavar la seguridad laboral de los obreros que trabajan en las líneas de montaje y soldadura. Y erosionar los derechos laborales conquistados a pulso.

Italia. Los alcanzes de la extorsión del grupo Fiat.

Tras el cierre de su planta en Sicilia y del plebiscito extorsivo en su fábrica de Pomigliano (Nápoles), Fiat anunció el traslado de parte de la producción de su planta de Mirafiori en Turín –la más importante del país– a una fábrica en Serbia, ampliamente subsidiada por el gobierno de Belgrado, en la cual los trabajadores cobrarán un 75% menos que en Italia. El anuncio fue un baldazo de agua fría para el gobierno italiano y para la propia burocracia sindical, que había aceptado la extorsión de la Fiat en el plebiscito realizado en Pomigliano con la excusa de que se trataba de una concesión para asegurar la anunciada inversión de millones de euros por parte de una empresa decidida a “apostar al país”.

El traslado de varias líneas de producción a Serbia representa solamente un aspecto de la avanzada de Fiat. El presidente de la empresa, Sergio Marchionne, informó también que el nuevo régimen laboral de la fábrica de Pomigliano se realizará mediante la creación de una nueva empresa, que deberá “recontratar” a los actuales trabajadores de la planta, para esquivar de esta manera la aplicación del actual convenio colectivo de trabajo que regula las relaciones industriales en la rama automotriz. Los alcances de esa decisión fueron puestos de manifiesto por el propio Marchionne, quien dejó claro que lo de Pomigliano marca su línea estratégica y que, en consecuencia, el siguiente paso es retirar a la Fiat del convenio colectivo metalmecánico, que rige su actividad en todo el país, a partir de 2013.

Los alcances de esa medida serían brutales: implican que Fiat debería retirarse de la Confindustria–la patronal empresaria italiana– y que algo similar sucedería en el terreno de las representaciones sindicales, abriendo el terreno para la creación de sindicatos “de empresa”. La presidenta de la Confindustria le pidió a Marchionne una reunión de urgencia, en la que consiguió que la ruptura con la central empresaria fuese “postergada” dos meses, lo cual revela, en primer lugar, la situación de debilidad en la que quedaría la gran patronal italiana si Fiat rompe unilateralmente con su asociación histórica. Algo similar sucedió con los sindicatos: las centrales sindicales, que promovieron el acuerdo en Pomigliano, quedaron descolocadas con el nuevo anuncio del grupo. La creación de nuevos sindicatos por empresa liquidaría, literalmente, incluso a la FIOM. En última instancia pone en cuestión a la propia CGIL, la confederación sindical más importante del país.

Como puede verse, la extorsión de la Fiat tiene implicancias de largo alcance. No se quedaron cortos los que señalaron que lo que está en cuestión es “el conjunto de las relaciones industriales del país” . Porque no se trata únicamente de la relocalización y flexibilización del trabajo en la principal industria automotriz del país: detrás de la avanzada de la Fiat se plantea toda una línea, aún más explosiva, de “tercerizaciones” y “racionalizaciones” industriales que abrirían el terreno para un desmantelamiento del tejido industrial italiano –la industria autopartista que depende de Fiat, en primer lugar, quedaría colgada de un pincel. No por casualidad se está desarrollando, ahora mismo, un debate dentro del ramo textil en torno a la aprobación de una ley que autorizaría a colocar la etiqueta “Made in Italy” a productos que se confeccionaron mayormente en el exterior: para todo un sector de pequeñas y medianas empresas industriales, incapaces de competir con las grandes compañías que ensamblan componentes producidos en otros países, la política de los Marchionne –y los Versace, en el ámbito de la “moda”– implica un pasaje seguro a la quiebra. Bien mirado, el debate pone de manifiesto que detrás de la nueva juerga financiera con el dinero de los planes “de estímulo” estatal, con la cual algunos pretenden dar por cerrada la crisis mundial, se esconde una crisis de sobreproducción mayúscula, aún no resuelta, cuya superación requeriría un dislocamiento de las relaciones industriales en los principales países capitalistas.

Como se ve, se trata de palabras mayores. Ahora son legión los italianos que advierten que la fusión de la Fiat con la quebrada Chrysler no fue un motivo de “orgullo nacional” sino un salvavidas de plomo que empieza a mostrar sus consecuencias. En las últimas semanas, tanto Sarkozy como Merkel han salido a enfrentarse con los planes de Renault y Opel de “relocalizar” la producción en países más baratos –en el caso italiano, Berlusconi no puede decir siquiera esta boca es mía, porque el “rescate” de la Fiat no fue pagado por el gobierno italiano sino por el de Obama. Las consecuencias que todo este proceso abría para el futuro industrial italiano fueron advertidas, con precisión casi milimétrica, en estas mismas páginas, hace más de un año: “integrada a Chrysler o a GM, Fiat deberá constituir una plataforma común de producción internacional, lo que significará cerrar establecimientos en Italia y reducir los ‘costos laborales’ en la madre patria. El ‘ajuste’ que Fiat les exige a los obreros norteamericanos para cerrar la operación de incorporación a Chrysler y, eventualmente, a GM, deberá aplicarlo, inmediatamente, en otras factorías negociando con los sindicatos mayoritarios: FIOM, de Italia, y IGMetall, de Alemania. Se busca, precisamente, una ‘racionalización’ mundial de la producción. Una indicación de este curso es el anuncio, por parte de Fiat,  en su plan industrial 2010-2014, que se apresta a separar su rama automóvil del resto de sus departamentos.

Vista de conjunto, la situación italiana es la de un volcán en ebullición. En el marco de la crisis capitalista internacional, se procesa un virtual desmantelamiento industrial, un dislocamiento de las organizaciones patronales y de las burocracias sindicales –todo ello en el contexto del agotamiento del régimen político berlusconiano. La respuesta que den los trabajaores que ya ha manifestado su disposición de lucha con las ocupaciones de fábrica del verano y la resistencia a los planes extorsivos de la Fiat, en los últimos meses, es la pieza clave del rompecabezas que ofrece Italia en el cuadro de la crisis mundial.