La raza de hierro.


Hesíodo.

“MISERABLE ¿Por qué gritas? Me perteneces porque soy más fuerte que tú. Iras a donde a mi me plazca…. Loco rematado es quien resiste a uno más fuerte que él; además de no conseguir la victoria, a la vergüenza añade el sufrimiento”

Si nos quedáramos sólo en este párrafo de la antigua fábula griega de El Gavilán y el Ruiseñor que nos ofrece Hesíodo en su poema Los Trabajos y los Días, estaría justificada la más absoluta de las depresiones…

Fue Hesíodo pastor y campesino allá por el siglo VII a.C., hijo de un hombre relativamente bien posicionado, compagino sus labores agrícolas y ganaderas con la actividad poética por vocación divina, según él mismo cuenta. Pero lo que me hacen traer hoy al de Ascra ante ustedes, es la iniquidad de la justicia que también sufrió.

En un momento determinado, en su famoso Mito de las Razas, nos dice que estamos en la quinta raza. “la raza de hierro”, aquélla en la que “… impondrán la fuerza por encima del Derechosólo se respetará al inicuo y al violentoEl cobarde ganará siempre la partida al valiente mediante falsa palabrería, apoyada en falso juramento… La Conciencia y la Vergüenza volarán de la vasta tierra al Olimpo, abandonando así a los hombres…” Es francamente desolador el panorama que este genio de la poesía helena nos describe en este pasaje.

Créanme, soy capaz de adivinar su sorpresa ante lo que hasta ahora les he escrito… Pues viene, amigo, a que es evidente a los ojos de cualquier ciudadano mínimamente informado y despegado de la clase dirigente, que estamos viviendo una convulsa situación policita, social y económica. Seguramente una de las más complejas situaciones que podamos recordar. A pesar de ello, y contrariamente a lo que la razón le dictaría a cualquier ciudadano sensato, nos encontramos con una clase sindical más enquistada que nunca. Frente a la necesidad de defender los derechos de los trabajadores a ultranza, entre los sindicalistas de las secciones sindicales de UGT y CCOO de IVECO-Madrid, se ha instalado el sentimiento de atender las necesidades irrenunciables y particulares de la multinacional del grupo FIAT.

Bien saben todos los asiduos a este foro, las muchas veces que me he referido a la Justicia como único baluarte para recuperar nuestra dignidad y nuestros puestos de trabajo. No es posible que el garante de la igualdad entre las personas, esto es la Justicia, esté permanentemente sometido al control y directrices de quien puede violarla.

Cuando se denuncia y traslada a los juzgados una negociación, o mejor dicho, cuando desde los juzgados se pretende hacer legal un acuerdo entre empresa y representantes sindicales aunque este sea que los trabajadores se den un tiro en la cabeza, estamos ante un problema de magnitudes incalculables.

He traído a colación versos de un poeta que sufrió la iniquidad de una Justicia politizada, y lo he hecho para hacerme una pregunta: ¿No hemos aprendido nada en estos últimos 2.700 años? Porque es eso precisamente a lo que hace referencia Hesíodo cuando dice “… es preciso sufrir para que el buen sentido se imponga a la insensatez…” que, dicho de otro modo, significa que nadie escarmienta en cabeza ajena. Pero es que, por desgracia, nuestra cabeza colectiva ha sido ya golpeada en demasiadas ocasiones por este mismo palo como para no haber aprendido nada.

Acudimos estos días con perplejidad creciente a un espectáculo bochornoso que está sazonado con todos los ingredientes más amargos que han acompañado a la larga lista de nuestros errores colectivos. Los magistrados de la Sección Tercera de la Sala de lo Contentioso-Administrativo del Tribunal Superior de Justicia de Madrid, han desestimado el recurso presentado por los despedidos del Área Comercial de IVECO ESPAÑA, S.L.

Porque, como nos dice una vez más Hesíodo, “….Llorando la Justicia persigue por ciudades y moradas a los hombres que tratan de rehuirla o torcidamente administrarla…”. Pues bien, ante algo tan simple como esto, que debería ser dejado en las solas manos de los jueces, como se afana siempre en repetir con la boca chica de sindicatos, ayudados por las empresas inician una campaña con el objetivo de impedir que quien mal ha obrado, bien pague.

No soy mujer especialmente sabia… ni quiero serlo, si por sabios se tienen esos hombres que hoy en día, con sus hechos, palabras y ejemplos parecen haber sido instruidos en el odio y el rencor. ¿De qué sirve el progresismo si no soy capaz de progresar con él? ¿De qué me sirve la sabiduría si no soy capaz con ella de torcer lo que de maligno tiene la naturaleza humana?

Cuando abandonamos al otro y nos comprometemos en exclusiva con el yo, estamos renunciando a un principio básico: el reconocimiento del otro como parte misma del yo.

Bien cierto es que nada está escrito. Nada está definitivamente conquistado; nada está definitivamente perdido. Todo depende de nosotros mismos. Por eso no estaría de más que, de entre nosotros, usted y yo, se alzasen nuevas voces; voces que, como antaño, entre la algarabía de algunos poderosos enfrascados en conservar su hegemonía aun a costa de nuestro futuro, fueran capaces de zafarse de entre las garras del potente gavilán que nos atenaza para gritar con fuerza, como Miguel Hernández, que “…hay un rayo de sol en la lucha/que siempre deja la sombra vencida…” porque “…para el hijo será/la paz que estoy forjando…”

Angelines Atienza.

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2 comentarios

  1. Me ha encantado angelines besos de vanesa

  2. Tu razonamiento, teniendo como base a Hesíodo y como conclusión a Miguel, es interesantísimo. Llamamiento a no perder la esperanza mediante la lucha.
    Un cordial saludo: José Martínez Carmona de Orihuela.

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