Por mí que no quede…

Últimamente he estado leyendo algo de filosofía, aunque sea para no hacer bueno ese dicho “orteguiano” de que la filosofía, en España, es cosa de cuatro gatos y creo que me sobra alguno. Y lo he hecho de la mano de nuestro pensador vallisoletano Julián Marías, gran filosofo cuyo pensamiento esta en total vigencia.

Es meritorio el amor de este pensador por la filosofía, asentado en dos conceptos cuya ausencia en nuestra vida pública tantas cosas explica: decencia intelectual e insobornabilidad… lo que le permitió colocarse siempre más allá de los “unos y los otros”, que decía Unamuno, para adscribirse al modesto negociado orteguiano de la Verdad. Justamente lo contrario de donde se colocaron la representación sindical (CCOO y UGT) en la negociación y posterior firma del ERE 364/2009 de IVECO ESPAÑA, S.L. en Madrid.

Por eso, también, le gustaba rectificar aquello de Cánovas de que, con la patria, con razón y sin ella; para darnos a cambio un canon de vivire civile que nos hubiera ahorrado muchos males pasados y presenten: “Con la patria se está, pero no dándole la razón si no la tiene, sino procurando que vuelva a ella, a la razón, aun al precio de la vida propia, no de la ajena”. Justamente la aptitud contraria, es la que adopto el responsable máximo del Área Comercial, Ramón Valdivia y que tantas veces le he reprochado en este foro. Si no fue capaz de procurar que la multinacional de grupo FIAT volviera a la razón; el precio era poner su propio nombre en la casilla nº 1 del Anexo III, seguido de los que entonces eran corresponsables de las distintas direcciones de esta área, no pagar el precio… con la vida profesional ajena.

Julián Marías no sabía quejarse, porque tenía otras cosas más perentorias que hacer, fiel a la máxima de “estar a las cosas” incluso cuando el dolor nos secuestra de ellas. Y en estas estamos los 13 despedidos del Área Comercial… a la cosa; a que la justicia nos devuelva nuestra dignidad y nuestros puestos de trabajo.

Y precisamente es en esta hora tan grave nuestra, cuando cabe preguntarse qué nos diría don Julián para así saber a qué atenernos en la zozobra… Así, creo que nos alertaría muy seriamente sobre el hecho más inquietante de nuestro marasmo actual: la institucionalización de la mentira. Frente a la actual impostura, la vida de Marías se nos presenta como un radical desprecio de la mentira, de su aceptación, ficción y falsos prestigios, en aras precisamente de la pretensión de verdad que tanto echamos ahora en falta.

Letal ha resultado para la pérdida de la veracidad la abdicación por parte de nuestra intelligentsia de su misión crítica acompañada de silencios muy culpables… En el caso que nos ocupa en este foro, el silencio inaceptable de la Inspección de Trabajo y la aceptación bochornosa por parte de la Consejería de Empleo y Mujer de la Comunidad de Madrid.

Habría que preguntarse cómo se ha llegado a esta domesticación de la función intelectual y acudir al concepto de las técnicas de envilecimiento de las que habla Gabriel Marcel. Sospecho que su extensión a la esfera intelectual nos ha traído una sistemática destrucción de lo valioso venida desde arriba, en una histórica traición de las élites que explica nuestra almoneda.

En segundo lugar, pienso que don Julián, nos prevendría contra la retracción de la libertad observable de unos años a esta parte, que tantos malestares y letargos amenazan nuestra concordia. Vaticinó todo ello en La libertad en regresión (1984), donde ya detectaba cómo en nombre de una determinada ingeniería social se nos quería hacer ir a donde seguramente no queríamos marchar. Es aquí donde nos proponía un sencillo test para establecer nuestra balance de libertad basado en tres preguntas que conviene plantearse para hacer el arqueo de nuestras libertades efectivas, es decir de nuestro destino: 1) ¿Qué puedo hacer? 2) ¿Qué no puedo hacer? 3) ¿Qué me pueden hacer?

Procure el elector darse respuesta y saque conclusiones… Ante ello nos propondría que cada uno de nosotros hiciera el ejercicio continuo de su libre albedrío. Para eso sería muy útil que cada uno adoptáramos en nuestra esfera de influencia, siempre mayor de la que pensamos, aquel lema vital suyo bien simple pero nada perezoso: Por mí que no quede.

Angelines Atienza.

Anuncios