Anotaciones al margen (III).


No vale refugiarse o escudarse en los sindicatos. ¿Quién son los sindicatos? ¿Quién es el Comité de Empresa? En mi caso nunca he estado afiliado a ninguno de ellos. Cuando entré a trabajar en Iveco, firmé el contrato únicamente con IVECO ESPAÑA, S.A. –mi firma y la del entonces consejero delegado, doctor Enzo Tomei, sobre el impreso que me fue entregado-, no con los sindicatos. Por favor, no quieran tapar el sol con un dedo.

Los sindicatos nacieron para revelarse contra las injusticias de los patronos y con la misión de contrapeso en las empresas. Necesarios para la defensa de los derechos de los trabajadores, principal función ésta que tienen encomendada en una democracia: pero que dejan de ser útiles y me atrevería a decir que necesarios –por muy buenas que sean sus intenciones- en el momento en que se convierten en correa de transmisión de los partidos políticos y se colocan como escudo protector del poder establecido.

Lo que sí sé es que, al menos, los sindicatos “apesebrados” que funcionan en este país –principalmente los dos más conocidos- son apéndices populistas y palanqueros del partido actual en el gobierno, en cuyas manos se han echado servilmente. Con aparatos funcionariales megalómanos que van a lo suyo, a medrar, a hacer carrera apoyados en privilegios y connivencias políticas. A recoger las subvenciones, a proteger a sus liberados, a esos que ustedes mismos, la empresa, les están pagando por no por su desempeño profesional sino por dedicar –supuestamente- su jornada laboral completa a defender a sus trabajadores afiliados, y poco más. Bueno, sí, a “verborrea” con la retórica de la defensa de la desvalida clase obrera, sobre la justicia social, sobre la solidaridad con el trabajador, sobre las conquistas sociales –¿dónde quedó la indemnización de los 45 días por año trabajado de los compañeros que sufrieron el mazazo del expediente de regulación?-. Pero luego, a la hora de dar trigo, nos encontramos con que lo suyo es suyo y lo de lo demás, si pueden, también se quedan con ello. Todo tiene un precio para ellos. Y si no, que me aclaren la práctica, desconocida hasta ahora para mí, de cobran un porcentaje por cada trabajador que se va al paro, como consecuencia de un ERE, en concepto de “asesoramiento en la negociación” y que se devenga de la cantidad que ese trabajador recibe de su despido. ¡Viva la famélica legión!

Porque, ahora, explíquenme, señores de Recursos Humanos y señores del “cabildo” directivo de Iveco España, dónde está la coherencia, la ética, la estética y la cosmética en la utilización responsable de los recursos de la empresa para, pongamos por caso, formar a una persona, darle la categoría de funcionario, darle coche, ponerle despacho –con lo que todo ello cuesta- y, luego, despedirle casi con nocturnidad y con modales que dejan mucho que desear y con una indemnización humillante y vergonzosa.

Ahora entiendo que hasta en el trabajo de vena romántica que uno lleva por dentro salga a flor de piel. Ahora igualmente entiendo que, a lo mejor, dentro de ese romanticismo, no quedaría mal tener que dar las gracias, como bien nacido que me considero, a los señores de Recursos Humanos y al “cabildo” directivo de Iveco España, S.L. por la salida que me han ofrecido: una prejubilación parcial con contrato relevo que, viendo cómo se queda de mojado el patio de la abuela, la valoro y la aprecio como afortunada. Eso es lo que, al menos, espero.

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