El “síndrome del impostor”.


Entre la lealtad y la confusión se desarrolla “Salt”, una historia donde nada es lo que parece. En la empresa, en IVECO, también existen jefes que ocultan su verdadera identidad.

A través de los avatares de la agente de la CIA Evelyn Salt, Angelina Jolie, Salt es una interesante reflexión sobre el problema del jefe impostor en nuestras organizaciones, como ejemplo IVECO ESPAÑA, S.L. en Madrid, y sus consecuencia tan nocivas. En las películas de este género, espionaje y contraespionaje, nada es lo que parece pues en ello consiste la naturaleza de los servicios de inteligencia.

La protagonista hizo un juramente de deber y honor a su país, pero su lealtad es puesta a prueba cuando un desertor le acusa de ser una espía rusa. Los esfuerzos de Salt para demostrar su inocencia se vuelven en su contra. No extraña pues que el espectador contemple una frenética combinación entre apariencia y realidad en un universo impostado, en el que los personajes no coinciden con sus roles.

Salt puede ser útil para analizar un fenómeno frecuente en el ámbito profesional: el Impostor Syndrome (IS). En los jefes aquejados por dicha dolencia también se da, para desgracia de sus colaboradores, una contradicción íntima entre su apariencia y su realidad que obliga a impostar un comportamiento gravemente perjudicial para sus equipos de trabajo.

La tendencia a la impostura aparece en aquellos profesionales que han sido promocionados a puestos que están por encima de sus conocimientos, habilidades y destrezas. Es decir, que han alcanzado lo que el principio de Peter postulaba como “nivel de incompetencia”. El problema se origina en que un jefe tal no puede dejar ver sus múltiples carencias y desconocimientos a sus equipos, so pena de perder su prestigio y legitimidad de origen. ¿Cuál es entonces la solución a la que se ve abocado? Sencillamente, fingir su puesto. Para un sujeto así dirigir es ocultar y supervisar un ejercicio constante de simulación. ¿Nos suena haberlo padecido en nuestra vida profesional? Me temo una abrumadora cantidad de respuestas afirmativas. Sobre todo 13…

Si profundizamos en la psicología del jefe imbuido por IS, descubrimos que su meta no es el cumplimiento de objetivos ni el desarrollo de su gente, porque posee otra mucho más perentoria: no ser descubierto en su inadecuación al cargo, esto es, en su inutilidad.

De ahí su fin último y también su temor secreto. Por eso todas sus conductas son reactivas, fruto de estar a la defensiva para no quedar en evidencia. Estas son sus pautas: complejas y conflictivas, abdicando de ellas y adosándolas a los demás. Si estos precisas de ayuda, nunca está disponible.

¿Nos extraña así que por los impostores de nuestra empresa, IVECO ESPAÑA, S.L. y su plantilla, especialmente los 13 despedidos del Área de Comercial, padezcan un daño en su dignidad y en su puesto de trabajo? El mismo perjuicio que Evelyn Salt. Tal vez habría que restaurar en las políticas de promociones el viejo lema: “No parecer sino ser”. Sería una vacuna contra el síndrome citado.

Quien dice Jefes, dice Sindicalistas….

Angelines Atienza.

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