Italia. Los alcanzes de la extorsión del grupo Fiat.


Tras el cierre de su planta en Sicilia y del plebiscito extorsivo en su fábrica de Pomigliano (Nápoles), Fiat anunció el traslado de parte de la producción de su planta de Mirafiori en Turín –la más importante del país– a una fábrica en Serbia, ampliamente subsidiada por el gobierno de Belgrado, en la cual los trabajadores cobrarán un 75% menos que en Italia. El anuncio fue un baldazo de agua fría para el gobierno italiano y para la propia burocracia sindical, que había aceptado la extorsión de la Fiat en el plebiscito realizado en Pomigliano con la excusa de que se trataba de una concesión para asegurar la anunciada inversión de millones de euros por parte de una empresa decidida a “apostar al país”.

El traslado de varias líneas de producción a Serbia representa solamente un aspecto de la avanzada de Fiat. El presidente de la empresa, Sergio Marchionne, informó también que el nuevo régimen laboral de la fábrica de Pomigliano se realizará mediante la creación de una nueva empresa, que deberá “recontratar” a los actuales trabajadores de la planta, para esquivar de esta manera la aplicación del actual convenio colectivo de trabajo que regula las relaciones industriales en la rama automotriz. Los alcances de esa decisión fueron puestos de manifiesto por el propio Marchionne, quien dejó claro que lo de Pomigliano marca su línea estratégica y que, en consecuencia, el siguiente paso es retirar a la Fiat del convenio colectivo metalmecánico, que rige su actividad en todo el país, a partir de 2013.

Los alcances de esa medida serían brutales: implican que Fiat debería retirarse de la Confindustria–la patronal empresaria italiana– y que algo similar sucedería en el terreno de las representaciones sindicales, abriendo el terreno para la creación de sindicatos “de empresa”. La presidenta de la Confindustria le pidió a Marchionne una reunión de urgencia, en la que consiguió que la ruptura con la central empresaria fuese “postergada” dos meses, lo cual revela, en primer lugar, la situación de debilidad en la que quedaría la gran patronal italiana si Fiat rompe unilateralmente con su asociación histórica. Algo similar sucedió con los sindicatos: las centrales sindicales, que promovieron el acuerdo en Pomigliano, quedaron descolocadas con el nuevo anuncio del grupo. La creación de nuevos sindicatos por empresa liquidaría, literalmente, incluso a la FIOM. En última instancia pone en cuestión a la propia CGIL, la confederación sindical más importante del país.

Como puede verse, la extorsión de la Fiat tiene implicancias de largo alcance. No se quedaron cortos los que señalaron que lo que está en cuestión es “el conjunto de las relaciones industriales del país” . Porque no se trata únicamente de la relocalización y flexibilización del trabajo en la principal industria automotriz del país: detrás de la avanzada de la Fiat se plantea toda una línea, aún más explosiva, de “tercerizaciones” y “racionalizaciones” industriales que abrirían el terreno para un desmantelamiento del tejido industrial italiano –la industria autopartista que depende de Fiat, en primer lugar, quedaría colgada de un pincel. No por casualidad se está desarrollando, ahora mismo, un debate dentro del ramo textil en torno a la aprobación de una ley que autorizaría a colocar la etiqueta “Made in Italy” a productos que se confeccionaron mayormente en el exterior: para todo un sector de pequeñas y medianas empresas industriales, incapaces de competir con las grandes compañías que ensamblan componentes producidos en otros países, la política de los Marchionne –y los Versace, en el ámbito de la “moda”– implica un pasaje seguro a la quiebra. Bien mirado, el debate pone de manifiesto que detrás de la nueva juerga financiera con el dinero de los planes “de estímulo” estatal, con la cual algunos pretenden dar por cerrada la crisis mundial, se esconde una crisis de sobreproducción mayúscula, aún no resuelta, cuya superación requeriría un dislocamiento de las relaciones industriales en los principales países capitalistas.

Como se ve, se trata de palabras mayores. Ahora son legión los italianos que advierten que la fusión de la Fiat con la quebrada Chrysler no fue un motivo de “orgullo nacional” sino un salvavidas de plomo que empieza a mostrar sus consecuencias. En las últimas semanas, tanto Sarkozy como Merkel han salido a enfrentarse con los planes de Renault y Opel de “relocalizar” la producción en países más baratos –en el caso italiano, Berlusconi no puede decir siquiera esta boca es mía, porque el “rescate” de la Fiat no fue pagado por el gobierno italiano sino por el de Obama. Las consecuencias que todo este proceso abría para el futuro industrial italiano fueron advertidas, con precisión casi milimétrica, en estas mismas páginas, hace más de un año: “integrada a Chrysler o a GM, Fiat deberá constituir una plataforma común de producción internacional, lo que significará cerrar establecimientos en Italia y reducir los ‘costos laborales’ en la madre patria. El ‘ajuste’ que Fiat les exige a los obreros norteamericanos para cerrar la operación de incorporación a Chrysler y, eventualmente, a GM, deberá aplicarlo, inmediatamente, en otras factorías negociando con los sindicatos mayoritarios: FIOM, de Italia, y IGMetall, de Alemania. Se busca, precisamente, una ‘racionalización’ mundial de la producción. Una indicación de este curso es el anuncio, por parte de Fiat,  en su plan industrial 2010-2014, que se apresta a separar su rama automóvil del resto de sus departamentos.

Vista de conjunto, la situación italiana es la de un volcán en ebullición. En el marco de la crisis capitalista internacional, se procesa un virtual desmantelamiento industrial, un dislocamiento de las organizaciones patronales y de las burocracias sindicales –todo ello en el contexto del agotamiento del régimen político berlusconiano. La respuesta que den los trabajaores que ya ha manifestado su disposición de lucha con las ocupaciones de fábrica del verano y la resistencia a los planes extorsivos de la Fiat, en los últimos meses, es la pieza clave del rompecabezas que ofrece Italia en el cuadro de la crisis mundial.

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