De futbol y patria.


23 jugadores de fútbol de una selección a la que llaman “La Roja”, se pueden  llevar 600.000 euros cada uno. Lo que hace casi catorce millones de euros. Siempre y cuando no contemos con otros “premios” y con el dinero que se llevan también los técnicos y chupópteros, término muy empleado por un periodista en los años ochenta del siglo XX. Y siempre que no contemos tampoco con los gastos de desplazamiento, representaciones, etc. Parece ser que esos catorce millones de euros despiertan patrioterismos.

De repente las fachadas, menos mal que no son todas ni mucho menos, se han cubierto de banderas patrióticas, algo que sirve para que algunos medios de (des)comunicación escriban, hablen y divaguen sobre la unidad de un colectivo que dista mucho de serlo. Un periódico comercial dice que el juego de la selección es “una forma de conciliar a favor de una causa común y sin partidas de nacimiento”. Otro periódico comercial habla de la pasión “por la dignidad con la que está representando a una vieja y castigada nación”. Otro más habla de que “La Roja mete un gol a los nacionalistas en el País Vasco y Cataluña”… No creo que sea necesario añadir más tonterías.

Nunca he sentido la patria, nunca he sentido el fútbol. Ahora la patria está ligada al fútbol. “Una causa común”, una “dignidad”… ¿Será la causa los catorce millones que los patriotas futbolistas se van a llevar a sus cuentas corrientes? Es lo de siempre, una persona que gane mil euros al mes, que son muchas, muchas, muchas… y más los que ganan menos, y más, y más… y los cuatro millones de parados que no ganan nada, nada, y nada. Y nada. Un mileurista, decía, tardaría cincuenta años en reunir los 600.000 euros que uno de esos jugadores patriotas se va a llevar. 50 años sin gastar nada, nada, ni nada. Nada. ¿Debe sentir el mileurista, el parado, el de menos de mil euros, el que trabaja diez y más horas diarias por un sueldo miserable…, debe sentir la misma patria que el chupóptero, el burócrata, el director de un banco, de una petrolera, de una fábrica de armas…, debe sentir lo mismo?

¿Qué siente un parado, un explotado, ante el triunfo de su “selección nacional”? Nunca lo he podido comprender. Muchas veces es el odio al otro, al de fuera, al de otra “selección nacional”, lo que está en juego. No en vano se han inventado estos campeonatos (de fútbol, baloncesto, tenis, ciclismo…), para despertar eso que un periódico comercial llamaba “conciliar a favor de una causa común”. ¿Es la misma causa? ¿Lucha el director de banca, ese que en un año de crisis ha tenido más beneficios que el anterior, por lo mismo que un parado?

Menos mal que la selección española de fútbol no lleva ningún distintivo de color negro en su equipo, de lo contrario sería “La Roji-negra”. Ya sería tocar demasiado las narices.

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