Los trece magníficos.


¿Podrías unir los trece puntos dibujados a la derecha medante cinco líneas rectas dibujadas sin levantar el lápiz del papel y sin pasar dos veces por el mismo punto.

Iniciamos la experiencia de ser despedidos juntos y creamos lo que podría llamarse un grupo de autoayuda para salir adelante. Ahora, somos unos supervivientes que se reúnen para valorar progresos, combatir miedos y constatar que no estamos solos.

Como nosotros mismos decimos, nuestra enfermedad tiene “fecha de caducidad” y decidimos exprimir cada segundo, cada hora… Alejandro, José Luis, Angelines, Manuel, Mª Ángeles, Carlos, Antonio, Cándido, Luis, Ángel, Rosa… somos 3 mujeres y 10 hombres que hemos pasado por una misma experiencia, la de sufrir un despido. Una vivencia de la que esperamos salir victoriosos y, sobre todo, unidos.

Todo comenzó una soleada mañana del 8 julio del 2009 donde recibimos una carta donde se nos comunicaba que estábamos en la calle. Miedo, dolor y ansiedad, sentimientos que cobraron un nuevo significado al compartirlos. “Todos para uno y uno para todos”. Nos negamos a separarnos, UN AÑO que de forma espontánea creamos un auténtico grupo de autoayuda. Ahora nos apoyamos para vencer la traición y las reuniones mensuales nos sirven para adaptarnos de nuevo a la rutina diaria tras muchos años de trabajo en PEGASO/IVECO.

Nos unió el sufrimiento, en un principio, pero al final hemos terminado abriendo el alma. Nuestro “Club” es un caso bastante excepcional y pone de manifiesto una ferviente necesidad de apoyo emocional: Apoyo, información, sonrisas y lágrimas…

El siguiente día al despido se recibe con miedo y todavía con cierta incomprensión ¿Por qué a mí?, asusta: Manos frías, desorientación y nerviosismo. Durante varios meses los llantos se sucedieron… “No debemos ser héroes. Si un día estás mal, tienes que manifestarlo y seguir para delante”. La primera cita… una rutina que ahora se traduce en una reunión mensual. Aquella tarde que fuimos de boda… ante la sorpresa de novio. No fue algo frívolo, sino un gesto… fue como decir, vamos a recorrer unidos el camino y también vamos a empezar juntos la lucha por la readmisión. El miedo es uno de los principales sentimientos de las personas que pierden su puesto de trabajo; y, sobre todo el temor al futuro.

El tema de la soledad es otro de los ejes de unión. Eso sí, aunque a veces nos hemos sentido abandonados y/o incomprendidos no queremos compañía por compasión. Al final es cada uno de nosotros el que tiene que luchar, pero que “horrorosa debe ser la soledad…”. En cierta manera, hay que sacar provecho de ella; centralizarse en escuchar a los demás, ser una oreja para quien quiera ser escuchado.

En los golpes psicológicos inesperados, a veces lo peor no es tanto el recibirlos, sino el comunicarlo. Reconozco haberme apoyado en mi marido, mis hijos, mis hermanas… para salir adelante. Es importante la parte humana de los que están a tu lado, que tengan consideración.

Como suele decirse, a veces parece que todas las desgracias vienen unidas. En cierto modo, esto le paso a alguno de estos magníficos. Además del despido, cada uno tuvo que hacer frente a distintos problemas personales, dando lugar a una lección de humildad y valentía.

La pérdida de trabajo, como le sucedió alguno de los 13 despedidos, puede ser un palo casi tan grande como cuando les fue diagnosticada su enfermedad, les restó mucha confianza en sí mismo… “Crees que lo van a comprender pero no, te echan a la calle. Es duro tener una enfermedad pero también lo es que te conviertan en parado”. El fallecimiento de algún familiar… también son situaciones que hay que sobrellevar mientras se lucha contra la pérdida del puesto de trabajo.

Afortunadamente, de todas las experiencias, por dolorosas que sean, pueden extraerse enseñanzas positiva: Acercarte a la naturaleza o al arte… no estamos hundidos, en esta espera se puede hacer cosas y después muchas más. Las noches de insomnio pueden despertar la creatividad y se aprovechan esos tiempos en blanco para escribir o para idear.

La importancia de cuidarse y de disfrutar de la vida es otro de los grandes aprendizajes. Es cierto que hemos aprendido de la adversidad aunque no debería haber sido necesario… También se puede crecer sin pasar por momentos tan malos.

A base de golpes, desgraciadamente, nos hemos convertido en unos expertos. Sabemos cómo salir adelante. La creación de un grupo de estas características no se antoja sencilla. Por lo general, los despedidos no comparten tan abiertamente sus casos y en los hombres es más complicado que decidan abrirse emocionalmente.

Nuestra función esencial ayudarnos mutuamente: Normalizando. Aportando un entorno seguro en que se puede hablar abiertamente. Compartir los problemas y ofrecer posibles soluciones. Dar y recibir, confeccionar un espacio donde recibir apoyo pero también para ayudar al resto del grupo; y sobre todo… … … LA ESPERANZA en la justicia.

Angelines Atienza.

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