Antígona.


Portada de la obra de teatro escrito por Sófocles.

Todos somos Antígona, defendemos nuestra propia memoria pareciendo ser que entendemos la libertad como algo más importante aún que la vida para ejercerla. Seguramente porque pensamos que la trascendencia de nuestros actos, la memoria de sus hechos son el substrato que abonará futuras decisiones de otros. Sólo buscamos justicia y paz, un lugar donde enterrar nuestros sueños rotos, nuestras alegrías demoradas, nuestro placer pervertido.

Todos somos Antígona, proscritos por pretender un lugar donde honrar el recuerdo amable de los tiempos felices. Hemos decidido morir antes de que nos maten, hemos abandonado toda esperanza de recuperar los viejos silencios, la vieja armonía de la confianza, el gusto por la tranquilidad.

Y ellos siguen allí, orgullosos de sus miserias, henchidos del poder que les dimos y que nos arrebataron, incapaces de dar soluciones al descalabro, inanes ante la basura que generaron. Todos ellos, jugando a ser distintos cuando son un mismo lastre. Todos ellos, ocupados en salvar sus culos sacrosantos mientras nos arrojan a los pies de los caballos.

Jesús Duarte López.

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