Si yo fuera Robin Hood…


“Defendería a los débiles…”, “Lucharía contra la injusticia…”, “Convertiría nuestros ideales en realidad”…

14 de mayo es la fecha en la que Robin Hood vuelve a lanzar sus flechas en busca de justicia. Lo hace con el rostro de Russell Crowe y de la mano de Ridley Scott.

El caso es que, más allá de la idealización a la que le ha sometido el cine durante décadas, poco se sabe realmente de la figura de Robin Hood. Si nos atenemos a los últimos hallazgos, si Robin existió alguna vez, no fue, precisamente, el benefactor que todos conocemos. Un texto de 23 palabras en un libro, el Polychronico, que se refería supuestamente al famoso héroe se puede leer “Un ladrón con el nombre de Robin Hood y sus cómplices infectaron Sherwood y otras regiones respetables y honradas de Inglaterra con sus continuos robos”. Oh decepción.

En cualquier caso, se le suele vincular siempre al bosque de Sherwood en el pueblo de Edwinstowe (Inglaterra), una reserva natural famosa por sus robles centenarios, entre ellos, uno de 800 años de antigüedad. Es decir, que si Robin Hood hubiera existido, ese árbol habría sido testigo de sus tropelías fueran éstas altruistas o no.

No hay constancia alguna de que un noble cruzado despojado de sus bienes por un malvado rey en funciones (Juan I) existiera nunca. De hecho, hasta su nombre podría derivarse del genérico Robehod, apelativo que solía darse a los maleantes.

El caso es que el mito ha podido con todo lo demás, gracias a la leyenda del buen maleante que robaba a los ricos para dárselo a los pobres. Se trata de un transgresor de la ley por buenas razones (sus acciones son mejores que la propia ley), nos gusta Robin porque es liberador. El pueblo, víctima de unos gobernantes malvados, convierten a Robin, automáticamente en nuestro vengador. Un mito relacionado con esa idea del ladrón justo, la idea de robar a los ricos para dárselo a los pobres, es atractiva, como la idea de lealtad.

Robin Hood es un héroe para tiempos de confusión y crisis. En primer lugar, porque es un líder, que es lo que la sociedad desorientada suele buscar en los malos tiempos. Pero también porque su figura es ejemplarizante. Estamos ante un personaje que se atreve, que se expone y que arriesga, que representa la honradez frente el aprovechamiento, que genera confianza. Representa los valores que se están perdiendo y que deberíamos recuperar.

Así, la honestidad de Robin nos llega a IVECO ESPAÑA, S.L en Madrid, en un momento dominado por la firma escandalosa del ERE 364/2009, la corrupción a la hora de la “Recolocación Futura”, y, en definitiva, lo que el trabajador percibe como una constante agresión hacia él por parte de una especie de conjura de pillos. Lo que abunda hoy es la antítesis del mito, los que roban, sí, pero no para repartir el botín entre los más necesitados. Hoy imperan los “Hood Robin”, que roban para ellos, y faltan los líderes.

A los 13 despedido del Área Comercial, no hubiese gustado que nuestros representantes sindicales de CCOO y UGT, como Robin, hubiesen respetado los derechos humanos, la justicia, la libertad, la igualdad… que hubiesen tenido en Robin Hood una referencia, por su capacidad para enfrentarse al poder establecido cuanto éste comete abusos.

Añoramos pues a personas íntegras que nos salven de las garras de los que quieren aprovecharse de la crisis, que nos protejan de los abusos de las multinacionales y añoramos a hombres y mujeres desposeídos de intereses terrenales, que, liberados de ataduras, puedan negociar acuerdos en libertad.

Angelines Atienza.

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