Antes me jubilará la muerte por agotamiento o inanición.


Carta abierta de un trabajador autónomo pero en la que todos nos podemos ver reflejados.

Carta abierta a los políticos y a sus cobardes amos que se esconden tras ellos.

Muy Sres. míos:

Me dirijo a ustedes para comunicarles mi desacuerdo y mi pesar en relación a la propuesta que han formulado recientemente consistente en retrasar la jubilación obligatoria de todos los ciudadanos hasta los 67 años. No me opongo en absoluto a que, en determinadas profesiones y circunstancias, cada cual pueda alargar el periodo hasta la jubilación cuanto le plazca, si se siente apto mental y fisicamente para hacerlo y así lo demuestra. Muy al contrario, pienso que en otras profesiones ésto resultará del todo imposible, y es lo que intentaré demostrarles en esta carta. Para ello les expondré como ejemplo la mía que es la que conozco, aunque soy consciente, que aún siendo ésta ardua y dura, existen muchas otras merecedoras de estos calificativos tanto o más que la mía.

Soy un trabajador autónomo del sector de la decoración. Mi trabajo consiste, principalmente, en la instalación de suelos de madera, y el acuchillado y barnizado de los mismos, es decir, lo que solía llamarse tradicionalmente un acuchillador, aunque actualmente también se nos denomina parquetistas. Vengo desarrollando esta profesión aproximadamente desde los 14 años, ya que a esa temprana edad solía ayudar a mi padre que también profesó la misma durante toda su vida. Actualmente voy a cumplir 45. Para demostrar mi tesis, les voy narrar, a grandes rasgos, en que consiste nuestra labor diaria, para que así ustedes puedan valorar mis alegaciones adecuadamente.

En primer lugar, esta profesión suele ir acompañada de un gran estrés, porque a menudo se desarrolla en nucleos urbanos densamente poblados, con graves y engorrosos problemas de tráfico, de carga y descarga y de aparcamiento. En segundo lugar, es una profesión que requiere una cantidad considerable de energía, fuerza y elasticidad, ya que para su realización nos vemos obligados a trasladar a diario maquinaria y materiales muy pesados, a menudo cargando con ellos a través de escaleras de hasta cuatro, cinco o más pisos. Y esto lo hacemos sin más ayuda que la de nuestros brazos, nuestras piernas y nuestros riñones. Además, durante su ejecución debemos adoptar posiciones corporales incómodas durante horas, tales como permanecer de rodillas, en cuclillas o doblados literalmente por la cintura, abusando así y de manera continuada de nuestros huesos y articulaciones. Si a esto le añadimos una gran contaminación acústica que sufrimos a diario y que, aunque nos protegemos, nos suele pasar factura en nuestro sistema auditivo; más la continuada inhalación de polvo y vapores tóxicos procedentes de los barnices y los disolventes, dudo que muchos de nosotros logremos llegar a esa edad y dudo, más aún, que lo hagamos ejerciendo esta actividad.

Asimismo, preveo tambien otro inconveniente que, aunque secundario, no carece de importancia y es que, conforme nos vayamos aproximando a esa edad que ustedes marcan, nuestra cartera de clientes se verá abocada a disminuir paulatina e irremediablemente, ya que nuestros posibles clientes, nada más vernos tan débiles y desvalidos a la hora de elaborarles un presupuesto, se fijarán en nuestra encorvada espalda y nuestro pulso tembloroso; y bien por pena, bien por simple sentido común, optarán por rechazar nuestros servicios y, lógicamente por contratar los de otra persona más jóven, vigorosa y capaz.

Por otra parte, tengo un antecedente familiar y laboral que me hace pensar en la posibilidad de que antes de esa fecha contraiga una enfermedad relacionada con dicha profesión.Tanto mi padre, que como ya he mencionado anteriormente, dedicó su vida a este oficio, como un compañero suyo de profesión, fallecieron ambos y antes de cumplir los 65, de la misma poco frecuente enfermedad: cancer de esófago. Mi padre era fumador, sin embargo su compañero no fumó en toda su vida lo que, aunque sin plena certeza, me lleva a relacionar inevitablemente esta inusual enfermedad con la profesión de la que estamos tratando. En el caso de mi padre, sólo le faltaba un mes para cumplir 65, la edad obligatoria de jubilación actualmente.

Es cierto que también puedo cambiar de profesión, podrían alegar ustedes. Y debo admitir que es algo que sería interesante y que debo empezar a plantearme dadas las circunstancias. La primera y más apetecible opción que me he planteado es precisamente ésa que desarrollan algunos de ustedes, la política, ya que me he informado de las condiciones tan ventajosa de las que gozan tanto fiscal y laboralmente, como a la hora de la jubilación o cese, por la que no estan obligados a cotizar mas que siete años. Sin duda es de las más envidiables y codiciadas, con una abismal diferencia a las del resto de los mortales. Pero debo confesarles que rechacé esta idea de inmediato por una razón, y es que precisamente soy autónomo, porque nunca he soportado bien eso de recibir órdenes y lamer poderosos culos, labores éstas que entre la suyas, creo que son las mas abundantes y parecen ser requisito indispensable.

Descartado ésto, y mientras busco una alternativa que me permita intentar llegar a esta meta con un mínimo de dignidad y buena salud, me estoy al mismo tiempo cerciorando, que ustedes últimamente están muy seguros de sí mismos, y muy convencidos de la apatía y resignación de sus rebaños, porque son patentes sus enormes y crecientes esfuerzos y los de sus fieles vasallos los medios de comunicación, de adormecerlos e insensibilizarlos cada día más ante todos sus atropellos. Pero también soy consciente de cómo están últimamente alimentando y engordando como nunca a sus perros pastores, por si acaso la telepantalla, los cada vez más menguantes pastos almibarados que ustedes mandan cultivar y las drogas mediáticas y tecnológicas, no fueran todo lo efectivas que esperan. Tengan cuidado, porque aunque las ovejas no solemos tener los dientes tan afilados, somos muchas más a la hora de dar mordiscos.

Y como es al pueblo al que ustedes atropellan y desprecian incesantemente, es el pueblo el que les puede contestar al final a ustedes y a su maldita doctrina del shock, a su rastrera y burda doctrina del miedo y a su obscena doctrina de la poca vergüenza, con algunos refranes y dichos de la sabiduría popular, ya que creo que están subestimándolos a ambos:

“No hay mal que cien años dure” y “torres más altas han caido”. Ténganlos ustedes en cuenta, pues la Historia está cargada de ejemplos.

Y ya para despedirme, no puedo hacerlo sin recordarles este otro, para la reflexión de sus señorías; pero sobre todo y en particular, para la de esos cobardes que se esconden detrás de la cortina y es que:

“Hasta el perro más manso puede morder a su amo si éste le quita la comida del plato”.

Alanthano Matrixunplug.

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